Omar González Moreno: Un año de encierro

Omar González Moreno: Un año de encierro

 

Hoy, 20 de marzo, cinco de nosotros, miembros del comando de campaña de María Corina Machado y Edmundo González Urrutia, marcamos un año encerrados en la embajada argentina en Caracas, un refugio que se ha convertido en una prisión bajo la cruel dictadura de Nicolás Maduro.





Al mirar atrás, las memorias de este año son un torbellino de emociones: desesperación, rabia, fuerza de voluntad y una firme esperanza luminosa que nos mantiene en pie.

Desde el primer día, esto se ha sentido como un encierro sin fin. Sin visita, sin atención médica y poca agua y comida.

La falta de electricidad y los servicios básicos han convertido nuestras vidas en una lucha constante por la supervivencia.

Los días se deslizan entre las paredes de este lugar, mientras el eco de los gritos y el ruido de la represión se filtran a través de las ventanas, recordándonos la amarga realidad que acecha afuera.

La vigilancia es omnipresente. La policía de Maduro, armada hasta los dientes, nos observa con desdén, apoyada por francotiradores que nos miran desde los techos vecinos.

A veces, el sonido de drones sobre nosotros es un recordatorio escalofriante de que no estamos a salvo, de que el régimen nunca descansa.

Y en esos momentos de tensión, la presencia de manadas de perros, rottweilers y pastores alemanes, listos para atacar, nos llena de un pánico indescriptible, como si estuviéramos en un campo de concentración nazi.

Sin embargo, a pesar de este ambiente opresivo, tengo que confesar que la solidaridad entre nosotros ha sido un faro de luz.

Compartimos risas ahogadas, historias, y el anhelo de libertad que arde en cada uno de nuestros corazones.

Nos apoyamos mutuamente en este encierro, encontrando maneras de resistir y mantener vivas nuestras esperanzas.

Hoy, un año después, no solo conmemoro el tiempo que hemos estado aquí, sino también la fortaleza que hemos encontrado en nosotros mismos y en los demás.

Aunque físicamente estamos encerrados, nuestras almas siguen luchando por la libertad. Y mientras exista una fe inquebrantable y un espíritu indomable, seguiremos resistiendo.

La dictadura puede intentar silenciarnos, pero jamás podrá apagar nuestra determinación de ser libres.

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