Inemar Boada, madre de una niña de 3 años que cursa 1er. nivel de preescolar, expresó afligida que su hija se está alimentando muy mal en la escuela porque no se consiguen los alimentos que, en meses anteriores, podría comprar sin problemas, reseñó El Tiempo.
Por Grisnel Guevara
La mujer, quien trabaja en una tienda de ropa interior en el centro de Puerto La Cruz, dijo que la mayoría de las veces se ve en la obligación de enviar puros carbohidratos en la lonchera de la pequeña durante la semana, debido a que muchas veces no consigue proteínas.
“Trato de alternarle sus desayunos y almuerzos, pero el arroz, la arepa, los bollos y la pasta predominan en los envases porque lo que es el pollo y la carne están desaparecidos o muy caros, y lo que gano no me alcanza para adquirirlos”.
Inemar refirió que las frutas también forman parte del menú escolar de su hija.
“Siempre trato de meterle una guayabita, fresas, lechosa o un cambur. Eso es lo que me tranquiliza un poco porque a punta de carbohidratos lo que puede es enfermarse”, comentó.
Muy caro
Jenny Gamboa, una madre de bajos recursos, manifestó su descontento al contar que tuvo que pagar Bs 500 por dos chuletas de cochino y Bs 627 por dos “muslitos chiquitos” de pollo, que es lo que utiliza para el almuerzo que su hijo lleva al liceo.
“Hace dos años me podía comprar tres pollos con lo que gasté hoy, pero ahora no me alcanza ni para la mitad de uno (pollo)”.
Mientras que Tania Barrios, quien es madre de un niño de 4 años y de una jovencita de 14, expuso que todas las mañanas, antes de que sus hijos se vayan al colegio, les sirve “un buen plato” de avena con cereal y “remata” con cualquier fruta que haya comprado durante la semana.
“Los niños tienen que estar bien alimentados, por eso trato de que siempre salgan comidos de casa. Además, las cosas están demasiado caras para estar dándose el lujo de comer en la calle. En el liceo de mi chama nada más un tequeño cuesta Bs 90”.
Otro padre preocupado es Tony Pacheco, quien manifestó que hace un esfuerzo para enviarles comidas sanas a sus hijos, de 8 y 6 años.
“A mí me gusta que la alimentación de mis niños sea saludable. Antes de meterle cualquier tipo de fritura, prefiero que coman frutas o tomen jugos naturales”, indicó Pacheco.