Las riquezas de las tierras venezolanas, con la misma zona en reclamación (El Esequibo), despiertan la ambición de países de vocación imperialista, expansionista, saqueadora, dueños de las más grandes y hambrientas empresas multinacionales. Además, no es casual que aún, esta “ex colonia”, reciba asesoría y protección de Inglaterra. Pero, por añadidura y no con menos codicia, los “perros de la guerra” se activan, abren sus fauces y babean a sus belfos, cuando ven las oportunidades que ofrecen las debilidades y amenazas en que se encuentra nuestro país, por culpa de sus gobiernos, que destruyeron nuestras más grandes fortalezas internas y externas.
Indudablemente, Venezuela pasa por la más grave crisis ético-política, por la más escandalosa corrupción gubernamental y por la más peligrosa debilidad económica habida desde que es país; pero esto nunca sus hijos acogerán posiciones en contra de la defensa de nuestra amada patria. ¡Quiera Dios!, que la ambición política del gobierno actual, la geopolítica y el apetito económico de las corporaciones, no estén trazando sus cálculos para “pescar en río revuelto” y crear una guerra a favor de sus intereses. El mundo está lleno de estos peligros; por ello necesita de gobiernos democráticos y responsables. ¡Maduro, juega con candela! Porque, para tratar de impedir su derrota electoral en las próximas elecciones parlamentarias del 6 de diciembre, pudiera, sin preverlo, provocar una cruenta tragedia en contra de aquellos que discrepan o se oponen a sus fracasadas políticas. Este extraño caraqueño, no sabe el costo político que implica lanzar a El Esequibo, como recurso estratégico electoral para evitar su caída. ¡Dios nos libre! Pudiera ruandizar al país. Una cosa es el oportunismo electoral, la manipulación y acusación, que hace en contra de sus adversarios políticos, al señalarlos infructuosamente de colaboracionista con el gobierno Georgetown, y otra, la realidad pura y limpia; que sí pudiera enlodar, por falso patriotismo, el rostro de lo que llaman revolución. Por ello, lo que exige todo el país y corre como proclama, es que el gobierno chavista-madurista, se independice del ridículo.
Ciertamente, lo reiteramos, todos defendemos a El Esequibo, porque nos pertenece, es venezolano, es parte de nuestra patria, es nuestro derecho y deber. Pero el pueblo venezolano, ¿puede defender a un gobierno que ha debilitado tanto, a la economía y la moral de la nación, hasta hacer que el pueblo sea cada día más pobre? Sí, de esta manera expuso a nuestra soberanía a la rapiña de las grandes mafias que operan en todo el país y que, por añadidura, se apropiaron de nuestras fronteras, gracias a la decadencia y falta de ética, de algunos miembros de nuestra Fuerza Armada Nacional. Es por ello, que los estados Apure, Amazonas, Bolívar, Delta Amacuro, Táchira y Zulia, bien merecen atención de patria y, de un buen gobierno, que ame hasta el polvo que se nos va en exilio.
¿Qué tipo de patriotismo y revolución es someter a la población a tanta escasez, al reino de la injusticia, a limitaciones y a sacrificios? Si la “revolución” perdió la oportunidad de llevar al país a buen puerto y de realizarse desde 1999, nadie puede tolerar que siga desactivando a la economía, que niegue divisas a empresas fundamentales, menos que prosiga con el abandono de la infraestructura y el deterioro de los servicios públicos. La “revolución” se sigue empantanando cuando parasita la autoestima del pueblo, irrespeta a la propiedad privada y viola los DDHH. Además, como muchos de los gobiernos antecesores, desprecia la psicología y el destino de los habitantes de la frontera. Por suerte, volvió al tapete el caso de El Esequibo, que pudiera levantar mayor inquietud en pro de los intereses de los venezolanos que sobreviven junto a los hitos fronterizos. Por eso, hay que organizarse como ciudadano y como país. Hay que hacer algo para rechazar a la infamia, porque, para decirlo a la manera de Albert Einstein: “El mundo es un lugar peligroso para vivir; no por la gente que son malas, sino por la gente que no hace nada.”
Víctor Vielma Molina/victormvielmam@gmail.com